Es uno de los problemas más frecuentes que veo en mi trabajo. El tutor sale a pasear con su perro, todo va bien, y de repente aparece otro perro a cien metros y el suyo se transforma: tira de la correa, ladra, se pone rígido, no hay manera de calmarlo.
El paseo que debería ser un momento agradable se convierte en algo que da vergüenza, que agota, o que directamente se evita.
Lo primero que suelen pensar es que el perro "es malo con otros perros", que "no le gustan", o que "nunca se socializó bien". A veces algún profesional ha dicho que el problema es que "quiere dominar" o que "hay que mostrarle quién manda".
Ninguna de esas explicaciones es exacta. Y por eso ninguna de esas soluciones funciona de verdad.
Qué está pasando realmente
Cuando un perro reacciona con agresividad, ladridos o tensión extrema al ver a otro perro, casi siempre hay una de estas tres cosas en el origen o una combinación de ellas:
Miedo. El perro ha aprendido, por experiencias previas o por falta de exposición correcta en su etapa de cachorro, que otros perros son una amenaza. Lo que parece agresividad es en realidad una estrategia de defensa, si me pongo muy intenso y ladro, el otro perro se aleja. Y funciona, lo que refuerza el comportamiento.
Frustración. El perro quiere llegar al otro perro para interactuar, no para atacar pero la correa se lo impide. Esa frustración acumulada sale como excitación desbordada que, vista desde fuera, parece una reacción agresiva. En este caso, el problema no es el otro perro: es no poder llegar a él.
Nivel de activación muy alto. Hay perros que van por la calle con un estado interno de alerta elevado de base. Cualquier estímulo relevante otro perro, una persona desconocida, una bici los lleva por encima de su umbral y ya no pueden procesar la situación con calma. El problema no está en el otro perro: está en cómo llega el perro al momento del encuentro.
Estos tres orígenes se ven igual desde fuera. Pero el trabajo es completamente diferente en cada caso.
Por qué las soluciones más habituales no funcionan
La respuesta más común cuando un perro reacciona es corregirlo: tirar de la correa, emitir un sonido, interponerse físicamente. A veces funciona en el momento. El perro se calla, se para. El tutor piensa que ha funcionado.
No ha funcionado. Ha interrumpido la reacción, que no es lo mismo.
El estado interno del perro sigue siendo el mismo. El miedo, la frustración, o la activación elevada que provocaron la reacción siguen ahí. Lo único que ha aprendido el perro es que reaccionar tiene consecuencias. En algunos casos eso suprime el comportamiento visible pero aumenta el estado interno de malestar. Y ese malestar en algún momento vuelve a salir, a menudo de forma más intensa.
Además, en los casos de miedo, corregir la reacción añade un problema encima del original: ahora el perro no solo tiene miedo del otro perro, sino que también anticipa consecuencias negativas cuando aparece uno. Eso empeora, no mejora.
Qué se necesita para que cambie de verdad
Antes de hacer ningún ejercicio, hace falta entender qué origen tiene la reacción de ese perro concreto. No hay dos casos iguales.
El proceso empieza con un análisis, observar cómo reacciona, en qué contextos, con qué intensidad, en qué momento del paseo, y qué estado emocional general trae el perro a la situación.
A partir de ahí, el trabajo va dirigido al origen. Si es miedo, se trabaja el estado emocional del perro frente al estímulo, de forma progresiva y sin forzar exposición, dandole herramientas para ayudarle a gestionar la situaciones y poder acercarse a otros perros. Si es frustración, se trabaja la relación entre el perro y el tutor antes de hablar de otros perros. Si es activación elevada de base, se trabaja el nivel general antes de enfrentar situaciones de encuentro.
Y en todos los casos, el tutor forma parte del trabajo. Lo que hace en el momento del encuentro, cómo lleva la correa, cómo reacciona él antes de que reaccione el perro, influye directamente en el resultado.
Una última cosa
La reactividad con otros perros es uno de los problemas que más tarda en resolverse completamente, pero también uno de los que más mejora con un trabajo bien orientado.
He trabajado este tipo de casos durante más de diez años en Zaragoza. Los perros que más han progresado no son necesariamente los que llegaron con el problema más leve, son los que llegaron con tutores dispuestos a entender qué estaba pasando y a trabajarlo con paciencia.
Si tu perro reacciona con otros perros y llevas tiempo sin encontrar una solución real, cuéntame el caso. Sin compromiso. Si puedo ayudarte, te lo digo. Si no es mi tipo de caso, también.
Eduardo Canales. Más de 10 años ayudando a perros en Zaragoza
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